jueves, 30 de diciembre de 2010

“Siempre voy a los entierros de los demás, porque de lo contrario ellos no vendrán al mío"

Alcalá necesita a Yogui Berra como alcalde. Este beisbolista, ya retirado, es un icono en internet por su absurda sabiduría: "Como sabía que tomaría el tren equivocado, salí más temprano", dijo una vez. Y, como siempre, nadie fue capaz de decir si hablaba en serio o se estaba quedando con el personal. En esta década hemos visto partir al ejército primero y a la industria después. Entre medias, llegaron los inmigrantes con algo de morriña: se les ha pasado, porque cada vez nos parecemos más a Sibiu, bonita y pobre. Un euro, como canta Sabina, es un dineral.
El mantra de la ciudad complutense es no proponerse algo demasiado sabio, porque los héroes naufragan en las películas. Hace diez años queríamos aparcar. Hoy nos estamos quedando sin curro. Y lo peor es que la crisis nos atrofia los sentidos, no sólo la cuenta corriente. Los periodistas  nos hemos quedado mirando cómo el edificio se desmorona, narrando con milímetro la caída de brokers, bancos, inmobiliarias, empresas, televisiones... Sin darnos cuenta de que lo que en realidad es noticia es lo que funciona. La nómina a fin de mes no es un suceso paranormal todavía, ni creo que llegue a serlo. Pero crear una empresa, defender la propia, mantener un curro o incluso poner en marcha otros... son las verdaderas noticias. Pero el recuento de cadáveres es más facil de procesar.
Aquí apostamos por el tren de la vivienda diseñando una ciudad para el ladrillo. Menos mal que perdimos ese tren, y ahora queremos que arranque ya el de las empresas. El PP quiere ser el partido de los currantes porque ahora si tienes vacaciones pagadas se te sale la clase media por las orejas: estás que te sales. Y el PSOE e IU quieren pastorear a la nobleza funcionarial. De tantos estamentos sacaremos poco jugo, pero todos quieren morir matando.
"Siempre voy a los entierros de los demás, porque de lo contrario ellos no vendrán al mío", sostiene Berra. Con Grecia e Irlanda en el más allá, mejor buscar sitio en el purgatorio.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Navidad, castigo divino

En las cenas de Navidad procuro acampar cerca de los carabineros y los langostinos, con un codo sobre la servilleta y la mirada sobre la bandeja. En mi familia se guardan las formas hasta en las bodas, pero si hay carabineros de marisquería buena... te puede caer un codazo en los riñones al intentar repetir. Igual que los salmones remontan el río, la legión de tíos y nueras se concentra en el pueblo una vez al año para rendir tributo a mi abuela Mercedes, pellizcar a los niños y ponerse de los nervios con los motivos más rudimentarios. Así que yo no es que me muera por el marisco, pero el ambiente me sugestiona. O comes o te comen.
Como soy una hormiguita obrera, suelo aterrizar en los brazos de mi abuela pensando que lo que tengo por delante son dos días libres. Pero es una prueba vital muchísimo más cojonuda. No sé si la más difícil desde que remonté como espermatozoide hasta el óvulo de mi madre, pero acaba uno también cual flagelo o similar. En la cena pasan revista a tus logros en cuanto a procreación o por lo menos tentativa seria. Los cambios de estado civil también son bienvenidos, o por lo menos que te hayas operado o te hayas comprado algo de lo que se pueda hablar. O yo que sé qué quieren. Así va la cosa y la verdad es que nunca he ganado por puntos, y mira que me he llevado mis metas volantes como un campeón.
Mi señor padre suele entregarse, con sus hermanos, a un agro-unplugged que alcanzó su punto álgido cuando mi primo de once años se arrancó con una jota de las que le gustarían a Bibiana Aído: "Cuatro carros de putas van pa Toledoooo... / se jodieron los [inaudible] / putas al suelo...".
En el resto de la mesa no se pierde comba. Mis tías y apegadas me dan dos besos cuando llego, pero luego me bailan la haka maorí mojándome la oreja.


La danza Maori
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Sí, es ese baile de los jugadores de rugby de Nueva Zelanda que sólo buscan acojonar al contrario. Pero diciendo "cariño" entre golpe de pecho y crujir de dientes.
Las vacaciones de Navidad son la venganza del todopoderoso por las horas de trabajo que no trabajaste. En estas fechas, aunque escritas en rojo... ¡no descansarás!