lunes, 31 de enero de 2011

Más aulas, sí. Pero ataquemos los problemas a fondo

Aunque el ideal ha sido que primero lleguen las dotaciones y después los vecinos a los nuevos barrios, en muchos capítulos han sido los recién llegados los que han tenido que esperar a que se cortasen las cintas inaugurales. Los servicios básicos de transporte y abastecimiento de luz y agua, así como la seguridad, han de funcionar desde el primer día. Pero es necesario algo de paciencia en el plano comercial, y ahí están las caminatas para comprar que sufrieron los primeros vecinos de Espartales y Ensanche a principios de esta década. También tardaron los centros educativos o sanitarios.
El alcalde dijo ayer en voz alta algo que muchos han pensado: la ciudad va a crecer de nuevo hacia el norte, habrá que llevar aulas allí. No es una necesidad inmediata, porque  mucha gente ha estudiado fuera de su barrio durante varios años. Pero sí da una idea de por dónde van las nuevas prioridades en cuanto a construcción de centros. Es mejor que en la Consejería de Educación tengan noticia de esas necesidades cuanto antes, pues los plazos suelen alargarse.
Pero el Ayuntamiento no debería perder de vista que, por primera vez, y gracias al envejecimiento de la población, la prioridad general en el ámbito educativo no es la creación de más plazas. Durante los últimos años se han definido muy bien problemas que antes no tenían tanto relieve o tal vez estaban latentes: el fracaso escolar, la integración de los inmigrantes, las necesidades educativas especiales, las nuevas tecnologías, los idiomas y la disciplina. Esos son los puntos calientes sobre los que hay que trabajar. En algunos ámbitos, como el inglés, la última década ha sido muy fructífera. Otros, como la disciplina, necesitan que las recientes iniciativas legislativas refrenden su validez.
El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid tienen una oportunidad de concentrarse en estos aspectos, que son los que realmente darán alas o pasarán factura a los madrileños de mañana, porque el tirón demográfico no es tan fuerte. Y los padres son los primeros que tienen que hacer un análisis un poco más profundo de la educación: no se trata sólo de tener más colegios, más cerca de casa, con mejores canchas o con mesas más nuevas. La política educativa es sumamente delicada, requiere consenso y una visión a largo plazo. Y muchas veces los problemas más graves no aparecen centro a centro, un ámbito en el que suele radicarse la acción municipal, sino en estudios transversales como las pruebas de nivel, los estudios sobre el fracaso escolar o, ampliando el marco, nuestro propio retraso tecnológico y productivo. En lugar de pelearse por las cifras y lamentarse de anacronismos o complejos, mejor luchar contra ellos desde la escuela.

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