miércoles, 26 de enero de 2011

Pinganillo asado

Hay un compañero de trabajo, José Luis Enríquez,  que viene a las reuniones con pinganillo en la oreja. Tengo manga ancha con las excentricidades, y sé que le gusta estar bien informado: no es que necesite traductor o que le haya dado un ataque de lenguapropismo. Con el cablecillo en la oreja entra un poco en trance, no sé si por el discurso dieciochesco de algunos de sus compañeros al presentar su noticia o por la cercanía de la hora de comer. Como Enríquez  es el hombre de las exclusivas, sus silencios y mutis son respetados. Si no está, se le cuida el bocadillo. Y si está, se le suelta alguna chanza para saber si sigue su espíritu en nuestra reunión de portada. Si rebufa es que todavía no está en trance radiofónico.
Claro que los demás no somos de piedra. "Pareces", saltó ayer mi jefe en plena reunión, "un senador de CiU". José Luis, que es más gallego de lo que parece, le mira con las pupilas un poco ausentes, porque a esa hora escucha el último repaso a la actualidad del día que da Esperanza Pérez en el informativo de Punto Radio Henares, a eso de las dos y cuarto.
Les cuento las nimiedades de mis compinches del currele porque creo que entre los que somos en esta casa podríamos representar a Albania sin necesidad de traductor. Nos tomaríamos una mirinda en alguna tasca balcánica, de esas en las que la gente dice que sí meneando la cabeza de un lado a otro. No digo que volviésemos al barrio con soluciones al día siguiente, pero seguro que saldríamos del mismo con algún problema que exponer.
Pero en la carrera de San Jerónimo se estilan otros métodos de ósmosis con el electorado: florecieron antaño restaurantes que no serían nada sin sus señorías. Del pulpo a la gallega toman los diputados, vía oral, los problemas de los pazos. Del marmitaco a 30 euros les llega el lamento del caserío. Y así con los segundos y el postre, se comen lo que cultivan y pescan sus representados.

Un diputado, recibiendo una puesta al día sobre su demarcación 

Ahora, para que el pueblo oiga su eco más fuerte, les han puesto intérpretes. Yo les daría unas zapatillas como las de Jose o cualquiera de mi tripulación. Para buscar historias, e incluso alguna solución. Porque el pueblo ya les entendía. Pero no les comprende.

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