martes, 8 de febrero de 2011

“De Alberti y Ayala aprendí a tomarme en serio a los jóvenes”

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Natural de Granada, es poeta y catedrático de Literatura Española. Ha publicado más de veinticinco poemarios y varios libros de ensayo. La semana pasada ofreció en el Corral de Comedias un recital de su obra.
–¿En su juventud pensó que llegaría a esta madurez con los sueños tan chamuscados?
–En la juventud nunca se piensa eso, pero con el paso del tiempo se aprende. Yo me he formado en autores como Camus o Pasolini. Ellos me advirtieron de que las banderas enseguida se manchan de sangre y los sueños se corrompen. La historia pasa por tu lado y se olvida de ti. Lo que quiero es mantener mi pensamiento crítico pero sin caer en la ingenuidad. Uno de mis libros se titula Habitaciones separadas porque he aprendido a convivir con mis sueños en habitaciones distintas, cuando ellos se ponen muy ingenuos yo les llamo la atención y si me pongo cínico ellos me avisan. Quiero envejecer sin convertirme en un viejo cascarrabias. El mundo es el que hay, pero eso no significa que los jóvenes estén equivocados. Tienen derecho a pensar en su mundo como yo pensé en el mío. Ellos harán bien en no perder la memoria, pero lo que he aprendido de Alberti o Ayala fue tomarme en serio a los jóvenes.
–Vender libros de poemas en la era de Gran Hermano. Es una heroicidad.
–Los poetas no escribimos para vender. Si fuese así, nos dedicaríamos a otro género. Claro que todo lo que se venda para la poesía es estupendo...  y las librerías deben darle espacio. Al escribir no tengo en mente a quien va a comprar un libro, como poeta pienso en el lector que yo fui y en esa persona que me permite dialogar con él. Eso en España se produce, aunque se dice que son malos tiempos para la poesía la verdad es que los españoles no podemos quejarnos. Comparado con lo que ocurre en Italia, Francia o Alemania... allí para salir en una editorial que dé a conocer has de ser casi un poeta consagrado. Aquí hay buena salud poética y eso hace que se esté escribiendo buena poesía.
–Si alguien coge un poema suyo y no lo entiende... ¿mejor cambiar de poeta?
–Para leer poesía hace falta un cierto grado de educación. Escribir una buena novela es tan difícil como escribir un buen poema, pero muchas veces hace falta más preparación para leer un poema que para leer una novela. También hay que decirle a la gente que todo en la vida cuesta un poco de trabajo: Cuando uno hace el amor a la tercera le sale mucho mejor que la primera vez. Si la gente hace un esfuerzo con la poesía, ésta le va a dar muchas satisfacciones en la vida. Hay poetas que son mejores para gente que está empezando,  otros te dan mayor felicidad cuando estás acostumbrado a leer poesía.
–¿Nos estamos quedando sin candidatos al Cervantes?
–Cuando el premio se puso en marcha había muchas décadas de retraso. Teníamos a la Generación del 27 y grandes autores hispanoamericanos. Pero también es verdad que conforme vamos cumpliendo años nos cuesta más admirar a los que tienen nuestra edad porque los leemos con mucha satisfacción pero no los consideramos como un mito. A Borges, Alberti o Dámaso Alonso los leía uno con la admiración de un mito. Ahora ya no es así, pero los jóvenes tendrán la misma perspectiva que yo tenía entonces, y admirarán a algunos literatos como mitos mientras yo los admiro como autores.  Hay grandes escritores en Latinoamérica y grandes en España. Cuando se lo dieron a Juan Marsé pensé: qué maravilla, pero qué pena que no se lo diesen a Ana María Matute. Y cuando se lo dieron a Ana María Matute, pensé: qué bien, pero qué pena que no se lo den a Caballero Bonald.
–¿Sueña con ese premio?
–No es más que un reconocimiento, y no pasa nada por tener muchos premios ni por morirse sin premios. De hecho, entre los autores que más admiro los hay que no han sido premiados. Y algunos de los que han ganado el Cervantes me parecen de segunda categoría.
–¿Cómo hace huelga un poeta?
–Escribiendo en periódicos sobre la importancia de esa reivindicación laboral. Si le toca participar en un acto, diciendo que no puede ir. Incluso saliendo a la calle y tomando parte en las manifestaciones...
–¿Cómo se apañaban antes para disfrutar de la cultura libre cuando no se podían ver películas por la cara?
–[Risas] Se hacen definiciones muy pobres de palabras importantes. Identificar la libertad con que cada uno pueda hacer lo que le dé la gana me parece una definición triste de la palabra. Para mi es libre cuando se aseguran unas reglas del juego para todos. No me hace ser libre que pueda entrar en una tienda o en internet y llevarme lo que quiera sin pagar.  Pero un nuevo soporte necesita una revisión del negocio y las multinacionales se han pasado mucho: han cobrado demasiado por los viejos soportes. Con los nuevos la cultura debería ser más barata, porque no es lo mismo publicar un libro que bajarse el texto de internet, los costes se reducen. Los derechos de autor son el salario de los que crean, si se cobra un precio justo tendremos una sociedad más libre que la que proponen los piratas.
–¿Veremos pronto en La Habana una protestas como las de  El Cairo?
–Espero que en La Habana haya una transición sin tener que renunciar a las conquistas sociales que se han logrado. Ya quisieran en Túnez o El Cairo haber tenido algunos amparos sociales como los que hay en Cuba. Pero ocurre que eso no basta solo, la libertad es un valor irrenunciable y hasta que no consigamos libertad individual y amparos sociales no debemos detenernos.
–¿Zapatero va a hacer bueno a Felipe González?
–No soy partidario ni de uno ni de otro. La transición que se hizo en la época de Felipe González supuso demasiadas renuncias. La historia ha demostrado que España no debía haber entrado en la OTAN, deberíamos haber reforzado la ONU y no apoyar imperios EEUU, que al final ha hecho que Naciones Unidas no valga para nada. Y aquello de "gato negro o gato blanco, qué más da si caza ratones" creó una dinámica social de pragmatismo que ha generado una pérdida de valores democráticos como la corrupción. Y Zapatero, tras un primer año de legislatura que yo valoré por la consecución de derechos sociales, ha hecho un giro muy neoliberal  traicionando valores que deberían haber defendido los socialdemócratas. Se dice que es lo que hay en Europa: bueno, pues vamos a crear un discurso en Europa.
–Ahora Zapatero ha conseguido el acuerdo con los sindicatos. ¿Es suficiente marchamo para usted?
–Este acuerdo hay que mirarlo de manera distinta según se mire al Gobierno o a los sindicatos. Yo ahí tengo sentimientos encontrados. Cada uno sabe lo que quiere y lo que puede. Si uno quiere intervenir en la realidad ha de conformarse con lo que puede. Los sindicatos, dentro de lo que hay, han conseguido recortar mucho las reformas. Yo fui a la huelga el 29 de septiembre, y si no hubiese habido esa huelga el Gobierno no se hubiese sentado a negociar. Es mejor lo que se ha logrado que lo que se ha intentado imponer.
–¿Que nos hace más daño, tanto fútbol o Gran Hermano?
–El fútbol no nos hace mal. La telebasura y Gran Hermano si nos hacen mal. Que cierre CNN+ para dejar paso a Gran Hermano es todo un síntoma. Yo creo que esta crisis es de valores. Los jóvenes viven en un mundo muy distinto. Cuando yo empecé a trabajar mi meta era tener un trabajo estable inmediatamente y una buena jubilación. Y hoy estamos educando a los jóvenes a renunciar a sus derechos y a sus valores.
social. Desgraciadamente la universidad ya no tiene muy buena fama.

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