domingo, 27 de febrero de 2011

Habla el carcelero de Tejero: "Compartía con nosotros los dulces y el vino que le mandaban a la prisión"



Antonio Tejero Molina no era  un hombre pegado a una pistola, de ceño fruncido y malos modales: compartía tartas y licores con sus guardias, salía a correr por la prisión y hasta sonrió con las gracias de un preso comunista. Ése es al menos el Tejero que conoció Javier Pacho, cabo primero de la policía militar en la prisión militar de Alcalá durante aquel convulso mes de febrero de 1981. Conserva en su casa algún documento histórico, y cuenta a Diario de Alcalá la vida cotidiana del preso más ilustre que ha tenido este presidio. El 23 F, mientras los diputados estaban retenidos en el Congreso, Publio Javier Pacho, natural de Calzadilla de los Hermanillos (León), volvía en tren a Alcalá tras un merecido permiso en su casa de Zaragoza. Ajeno al golpe, se enteró cuando, vestido con su uniforme de Policía Militar, osó tomarse un café en el primer bar que vio al salir de la estación. Apenas doce horas más tarde estaría cara a cara con el hombre que había puesto en jaque la democracia durante unas horas.    


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