miércoles, 2 de febrero de 2011

Hay que saber valorar lo que tienes en casa, sobre todo cuando eres el único que vive en ella

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Llega Groucho Marx al restaurante y dice: "Señorita, hoy tengo un montón de prisa, así que traigame sólo la cuenta". Como disparate tenía buenas trazas. Pero como modelo de negocio parece todavía mejor idea. En Alcalá un emprendedor ha inventado el restaurante sin comida: te traes de casa lo que quieras, sean sobras o pitanza entre pan.
–¿Qué tomarán los señores?
–Yo unas judías verdes que mi madre me ha puesto en un tupper.
–¿Y el señor?
–Pues yo traigo un bocadillito, que tengo que volver pronto al curro. Y... esto es un yogur, creo.
–Perfecto, tenemos un microondas cosecha del 2010, una delicia. Para acompañar les sugiero pan y para beber lo que quieran.
Hace años una errata en una nota de prensa bautizó el polígono Jumapi, donde está este moderno restaurante, como polígono Jumanji. Fue una premonición de que nos quedaban por ver cosas extraordinarias que Duchamp y Dalí no se atrevieron a pintar. Vi a Peter Pan almorzando comida de mentira y rula por internet la historia de un hombre que se apuntó a un gimnasio y cuando le invitaron a ver las instalaciones vio que la nave entera estaba vacía: solo paredes, suelo y escaleras.
–¿Pero dónde están todas las cosas, y los monitores?
–Vamos a ver, usted se quiere apuntar y nosotros le apuntamos: pero sabe bien que no va a venir nunca, como mucho un día. Así que no hace falta todo eso, que además encarecería la cuota.
A mi me gusta más la idea del Kyny3+, que así se llama el restaurante con comida para traer. Demorar la aparición por el gimnasio lo lleva uno fatal, pero compartir mesa y mantel con compañeros de trabajo con viandas caseras es uno de esos nuevos lujos baratos que quiero descubrir.
-Chacho, la cuenta.
–Son tres euros cada uno.
Por el micro, el pan y la bebida no está mal. Eso sí: la propina habrá que darla a nuestra madre. O a nuestra santa, que nos espera en casa. O darnos un abrazo nosotros mismos, si somos los autores del sandwich: hay que saber valorar lo que tienes en casa, sobre todo cuando eres el único que vive en ella.

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