martes, 15 de febrero de 2011

“No temo volver a Egipto, peor ya no vamos a estar”

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Fátima Makki es una ciudadana del mundo. Hija de madre española y padre egipcio, se crió México, Kuwait y Egipto, aunque ha pasado la mayor parte de su vida en El Cairo, donde su madre era profesora en el Cervantes. Su padre fue de los primeros egipcios que vinieron a estudiar a España. Estos días no puede evitar sentirse un poco más egipcia que de costumbre, pegada al televisor viendo a su pueblo manifestarse por la libertad.  Es la profesora de árabe del Centro de Lenguas Extranjeras de la Universidad de Alcalá, un idioma pujante que estos días muestra sus misterios a los que ven gritar en por televisión a la juventud egipcia. 
Pronto volverá a su tierra, a su plaza de profesora de Filología Hispánica en la Universidad  de El Cairo. En sus ojos no se atisba ni pizca de miedo al futuro: "En absoluto, peor de lo que estábamos no podemos estar". La mayoría de los egipcios, asegura, son optimistas respecto al futuro. Pero Fátima, igual que otros muchos, no se esperaba este cambio ahora. Durante años el mundo árabe se ha visto como una tierra cuyo estado natural era la opresión. "Sabíamos que esto cambiaría un día, pero no tan pronto".
"Mi madre es hija de militares, mi abuelo era coronel en el ejército de Franco y le destinaron a Marruecos y allí se crió mi madre" recuerda en su despacho del Centro de Lenguas Extranjeras. Aquello poco tenía que ver con el ambiente multicultural que se vive en el edificio de Trinitarios: "No se mezclaban españoles con marroquíes, pero ella sí aprendió el árabe y trabajó en una escuela marroquí".
Entre los jóvenes que se han levantado contra Mubarak, con sus zapatos en la mano o con sus blogs, tiene a amigos y alumnos. "Hace 10 años que en Egipto se estaba fraguando esto que se ha desarrollado con las redes sociales, se convocaban manifestaciones e internet ha generado  una nueva mentalidad en la gente joven, que es mucho más abierta y que dio un paso adelante el 25 de enero". Paradójicamente, dice Fátima, fueron ellos, de clase media o alta, los que prendieron la llama: Egipto tiene un bajo índice en alfabetización, poco más el 40%. "Y además Mubarak ha acabado con la clase media, todos son muy ricos o muy pobres", y eso es algo que "nota cualquier visitante que acuda periódicamente" a Egipto. Pero seguramente el peor error de Mubarak fue proyectar a su hijo Gamal como sucesor "en los medios de información se ha estado preparando la sucesión, es algo surrealista en el caso de una república, algo que ocurrió en Siria". Muchos miembros del gabinete tienen negocios con él, configurando un entramado que a Fátima le parece bastante medieval: "La revolución fue para acabar con el estado feudal del Rey y sus allegados, pero al final hemos vuelto a lo mismo, se están repartiendo todo entre unos cuantos, el 10% tiene toda la riqueza y se quedan con las ayudas a EEUU".
Ése es, dice Fátima, otro punto de fricción: "Los egipcios sienten que la prioridad ha sido contentar a Israel y a Estados Unidos, pero al mismo tiempo hacia dentro es un estado policial". Al poder, recuerda Fátima, siempre se le ha hecho frente de una manera o de otra. Incluso en tiempos de la monarquía se temía a los estudiantes: "Siempre ha habido un fuerte movimiento estudiantil de gente preparada con mucha conciencia política, con la monarquía los estudiantes derribaban gobiernos saliendo a la calle, pero ahora la universidad está completamente controlada por la Policía".
Pero el descontento, cuenta Fátima, se ha ido abriendo camino. Recientemente a través de las muertes de algunos opositores. Pero también por problemas cotidianos como los precios: "Un litro de leche o un kilo de carne cuesta lo mismo allí que aquí", se lamenta esta profesora, que recuerda que los salarios no tienen nada que ver. Todo esto genera violencia: "Y eso que Egipto era un país ejemplar en cuanto a violencia, nadie cerraba los portales  y ahora todos instalan alarmas por culpa del paro, la corrupción y la pobreza". Es el saldo de la 'era Mubarak'

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