viernes, 11 de febrero de 2011

“Soy víctima de la ‘era Mubarak’, ganaba 30 euros como ingeniero”

Llegó a Alcalá para abrir un restaurante y sueña con otro Egipto para sus hijos. 
Se llama Khaled Kira y nació en El Cairo, en el mismo distrito en el que están las pirámides. Su nombre significa en árabe eternidad, y estos días contempla, pegado a la televisión en su casa de Alcalá, cómo cae la tiranía que parecía que iba a durar para siempre. Llegó a esta ciudad en 2001, huyendo de la falta de posibilidades que hay en Egipto. "Puede decirse que soy una víctima de  la era de Mubarak", dice removiendo con la cucharilla su té verde. Como tantos jóvenes en su país, hace 10 años se encontró con una formación universitaria y sin medios para salir adelante. "Soy ingeniero, titulado en protección de plantas", trabajaba en una empresa importante del sector público "pero el Gobierno  vendió todas las companías y nos fuimos a la calle". Llegó a Alcalá para abrir un restaurante en 2002 junto a su hermano. Se llamaba el Príncipe de Egipto. Hoy se dedica al comercio, desde ropa a cachimbas, pero sueña con volver a un  Cairo distinto sin dejar su vida en Alcalá. 
"Con Mubarak estábamos muy mal, pero la chispa ha sido la gente joven: muchos son pobres pero otros, como el ejecutivo de Google Wael Ghonim, son gente que es joven pero ganan bien... pero en Egipto sufren todos el mal trato del Gobierno". Khaled se refiere al joven ejecutivo del gigante informático que prendió la mecha de la revolución egipcia al ser detenido durante varios días. 
El tiempo, 30 años nada menos, ha transformado a Mubarak para peor. Así lo cree Khaled, que ayer estaba feliz con las noticias de que el dictador dejaba el poder que ocupaba desde 1981 después de 18 días de protestas. El rais deja el poder en manos del Ejército, pero Khaled quiere un gobierno civil "que podamos elegir nosotros". Mientras hacemos sobremesa en la tetería, la euforia se desataba en la plaza de la Liberación de El Cairo, donde centenares de miles de personas pedían desde el 25 de enero la caída del hombre que ha dirigido durante tres décadas al país más poblado del mundo árabe. Khaled, que tiene a sus dos hijos, Ahmed y Taher, de 21 y 17 años, viviendo en El Cario, habla con ellos cada día a través de Skype. El mayor está acabando la carrera, pero tiene nulas posibilidades de conseguir un empleo con un salario digno con la situación actual. "A Mubarak le falta experiencia como político, no tiene carisma, es sólo un militar". Era respetado porque  "tiene un millón y medio de policías, yo vivo cerca de universidad y si paseas por mi barrio piensas que estas pasando por una guerra, porque está lleno de soldados: Mubarak tiene mucho miedo de los estudiantes". 
Entre tantas penurias, Khaled admite cosas positivas del Egipto que le ha tocado vivir. "Al contrario que en otros países árabes, donde no se puede decir nada en contra del Gobierno, el Egipto se cuenta todo". Por eso, explica, la chispa de la revuelta fue la muerte en una comisaría del bloguero Jaled Said, en junio pasado." Su página de Facebook concitó a todos lo que no quisieron dejar pasar esa muerte. Khaled ya no tiene miedo, está feliz: "Queríamos que Mubarak se fuese, con él sentíamos asfixia".
En Europa la revuelta de Egipto se ve con algo de miedo por una posible deriva fundamentalista, pero "no creo que vaya a pasar porque nosotros somos suníes, si el jefe religioso dice una palabra que no me gusta yo no tengo por qué seguirla". Es cierto que en Egipto están los Hermanos Musulmanes, un colectivo islamista, "pero el musulmán de verdad ha de garantizar los derechos de los demás antes que los suyos", asegura. 
Entre españoles es feliz. Los dos pueblos son "generosos y amantes de comer bien". Confiesa que le da vergüenza algunas veces cuando tiene que explicar a sus compatriotas de allá que ahora mismo, pese a su título universitario, se gana la vida vendiendo cosas e incluso como vigilante. Pero se siente menos afectado por la crisis "porque  los españoles se han acostumbrado a cosas a las que yo no me he habituado: ni fumo, ni bebo alcohol, así que ese dinero me lo ahorro... y tampoco me importa si no me puedo ir a la playa de vacaciones". En Egipto, recuerda ahora, vivió una vida muy dura "allí la diferencia de sueldo entre gente que trabaja en la misma compañía es enorme: yo ganaba 30 euros y el director llegaba casi a los 20.000, y yo tengo el mismo título que él".  Khaled invita al té y dice "esto puede cambiar".

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