miércoles, 16 de marzo de 2011

Un saludo a @bartolomegj

Ayer me llegó el mensaje: "Bartolomé González te sigue en Twitter". Con esas seis palabras doy por terminado el Nuevo Testamento, que ha quedado viejísimo, casi tanto como el Viejo. Es una nueva era, señora. Llevan los políticos toda una era pontificando, pagando teles con nuestra pasta para contarnos su letanía. Mientras, las hormiguitas no hemos hecho sino cuchichear. Algunos hemos logrado que nos paguen por ello, a cambio de echarle la destreza y el arrojo de los grandes periodistas que admiramos. Pero poco a poco, con ayuda del ciberespacio, el murmullo ha ido creciendo. Y un día te levantas por la mañana y te das cuenta de que el jefe de la cosa te está siguiendo. En Twitter, dice. Que está allí, al otro, lado, agazapado igual que antes lo estaba uno. Esperando a ver qué dices.
Dadme ideas, ha dicho Bartolo. Cada cuatro años se sube a la montaña con unas tablas de la ley. Ahora quiere que algún mandamiento del programa electoral le llegue por la red de redes. Los trolls de internet, esos fracasados sociales sin apego a la ortografía ni al respeto, se estarán relamiendo.
Pero más de un ciudadano se sentirá cohibido. Esto es nuevo, no se si bueno: el político leyendo los titulares –de 140 caracteres– que despacha el ciudadano. La gente en edad de votar somos buena compañía para un político, pero no sé si somos una buena influencia.
Bartolo pega la oreja, demasiado, por la calle. Los cenorrios que se marca por doquier, las visitas a eventos infames... todo es un marcaje para quedarse con el pulso de la calle. Pero es poca calle, o tal vez suficiente pero siempre la misma. Le han metido en la cabeza que no se puede hacer lo uno y que lo otro molesta. Los que le murmuran adoran la chapa y pintura, el corto plazo y lo de siempre. Del resto huyen escaldados.
Ahora el señor @bartolomegj, que así se llama su avatar en este ciberedescampado en el que se ha metido, resulta que nos lee: a 114 fulanos, según datos de anoche. No sé si siento responsabilidad o tembleque.

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