lunes, 4 de abril de 2011

Los abogados del cojón español

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Un momento de furia post-tertulia

Como asoma ETA la patita por la puerta de nuevo, las disquisiciones bizantinas de los últimos meses se empiezan a apagar. Una pena, porque el macho cabrío, al que le gusta fumar en el postre y meterle zapatilla al coche cuando va por autovía, vuelve a quedar olvidado. En el imaginario del PP y sus trincheras digitales, esta legislatura ha estado el macho en la diana de la levedad femenina que tanto cabrea a los detractores de Zapatero. Se quiso meter ZP con el vino –y salió Aznar para defender el farruquismo de gran reserva– y luego quitarnos el tabaco. Ya no se puede apagar el cigarraco con furia en las reuniones de trabajo, porque en el currele no se puede humear. Pero los bares –el sitio donde los hombres son hombres, escupen  a las cáscaras de mejillón del suelo y maldicen las cantadas del portero– también han quedado vedados al humo. El acabose. "¡Pero qué coño!", han clamado desde el fondo de la cueva. "Libertad, cojones", han rumiado los parroquianos echando una moneda al futbolín. Con lo bien que estábamos en este rincón de Europa: "Somos tíos hechos y derechos, y sabemos lo que nos conviene". El que no quiera humos, que no aparezca por aquí.

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