lunes, 4 de abril de 2011

United we (under)stand

Unos y otros, aunque sobre todo unos, prometían una campaña muy local, pero Alcalá recibirá el próximo día 10 a un presidente cesante. Precisamente ahora que su figura, la de ZP, cotiza a la baja es cuando el candidato local, Javier Rodríguez, todavía con restos del cascarón de replicante de Ferraz pero con propósito de enmienda, lo tendrá a su lado en un acto que inaugurará el fuego mitinero. El destino te da Bambi escabechado justo cuando habías hecho propósito de hacerte vegetariano: que aproveche. 
Se esperan críticas al afán privatizador de Esperanza Aguirre y al seguidismo de Bartolomé González, que está ahora más cómodo que nunca. Ha confeccionado una lista para el 22-M sin otros quebrantos que alguno del corazón. Con Javier Bello, un comeback kid que sabe de números, en el segundo puesto y los alcaldables a buen recaudo más atrás que nunca en la lista, parece un equipo confeccionado pensando más en el día después de las elecciones que en la afrenta electoral. Aunque sólo les vale la mayoría absoluta y en Alcalá cualquier mayoría absoluta es prestada, ésta parece de nuevo al alcance del alcalde, no tanto del PP. A este último matiz se debe la insistencia en borrar cualquier sombra sucesoria o de cambio de jinete a lo largo de la legislatura. El votante que les dio el triunfo en 2007 quiere el pack completo, sin números de magia a mitad de legislatura en los que el regidor sierra una caja de madera de la que sobresale la cabeza de Gustavo Severien, los brazos de Marcelo Isoldi y las piernas de Marta Viñuelas o Jesús Domínguez mientras todos contenemos el aliento. Otra cosa es que, una vez superada la tormenta y ganada la orilla de la crisis a nado, alguien sepa abrir el cofre de la sucesión sin que la tripulación se ahogue. 
Tampoco la calle está ahora para frivolidades, y en el PP claramente parecen haberlo asumido con más convencimiento que en el PSOE. El sillón del alcalde descansa sobre una montaña de facturas sin pagar, en una ciudad con un paro galopante y cuyas expectativas en cuanto a infraestructuras no se compadecen ni con la financiación que recibe el municipio por parte del Estado ni con el esfuerzo fiscal que se ha inculcado al vecino durante los últimos años. Los dos descartes principales de la lista de Bartolo -la salida del concejal de Urbanismo, Luis Fuentes, y la del  edil de Hacienda, Gonzalo Garrido- simbolizan los dos principales quebraderos de cabeza del septenato del actual alcalde. Hasta 2008 la ciudad dirigió su mirada a los responsables de una vivienda protegida que no llegaba y cuyo retraso fue el detonante de un éxodo de veinteañeros y treintañeros que ha sellado el destino y hasta el carácter de la ciudad durante los próximos 20 años. Después, reventada la burbuja inmobiliaria que asfixiaba a los mileuristas pero insuflaba efectivo a los ayuntamientos con suelo público para vender, la impotencia llegó a la hora de pagar facturas. Todo el mundo, también el ayuntamiento, debe dinero a todo el mundo y todos necesitan más tiempo para pagar. 
Jonathan Alter cuenta en su libro 'Obama, the promise' que poco antes de ganar las elecciones, con el viento a favor en las encuestas pero con un sistema financiero mundial al borde del colapso, el candidato Obama, que siempre tiene información de primera mano, se reunió con sus principales asesores y les dijo: "Las buena noticia es que vamos a ganar, y la mala es que el mundo se está desmoronando". Aunque el vértigo del día después del 22-M no será el mismo que el que sintió Obama durante los días previos a su entrada en la Casa Blanca, el espíritu de la nueva corporación que entre, sea del partido que sea, ha de ser similar al de esos chicos de Chicago que tuvieron que bailar con la más fea. El lema 'pico y pala' de la presidenta Aguirre podría mutarse ya casi en 'casco de minero' mientras llega la luz al final del túnel. A la crisis, aunque se vaya Zapatero, le queda un rato. Pero en esta ciudad hay parados, acreedores y necesidades de todo tipo que no pueden aguantar mucho más. Habrá que estar a la altura, y eso en política significa no estar a otras cosas.

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