viernes, 29 de abril de 2011

Yonkis dan lecciones sobre cómo llevar una farmacia

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Dejadme dirigir la orquesta y luego la privatizo

No soy el mejor seguidor del programa de Ana Pastor en La Primera. Pero, ante el enganchón que tuvo con Dolores de Cospedal defendiendo la respetabilidad de su medio, sabrán de qué parte estoy cuando les diga que comparto plenamente aquel aserto del periodismo anglosajón según el cual los periodistas debemos tratar a los políticos igual que un perro a una farola. Conceder a los gobernantes la gestión de los medios públicos es, lo admito, como dejar a un toxicómano encerrado en una farmacia: se servirá sólo a él, en demasía y no atenderá al público. Por eso las teles públicas son todas tan innecesariamente mastodónticas en personal y presupuesto. Y muchas cadenas públicas, no todas, son además la voz vociferante de su amo, que es el más yonki de todos incluso cuando nos promete cerrar la farmacia –"¡ahorro!"–  cuando un día la herede. De futuros liberales está el mundo lleno. 

Comparar la línea editorial de TVE con la de –por poner un ejemplo cercano aunque hay más y bajo cualquier signo político– Telemadrid es comparar los Gal con la tauromaquia: unos matan mejor, vale, y otros peor y cada uno tiene sus justificadores. Pero los Gal fueron un delito sin perdón de Dios y los toros, igual que la necesidad o no de una tele pública, pueden alimentar discusiones de sobremesa por los siglos de los siglos: desde un bien cultural hasta una práctica borrada por ley, será la conciencia de la mayoría la que decida. Las podemos borrar del mapa o reducir a la mínima expresión. Pero mientras tanto que sean teles para informar, no para rellenar nuestro ano de propaganda. 

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