martes, 17 de mayo de 2011

Limpia, brilla y da respuestas


Al revés que en la canción, que habla del amor que se rompió “de tanto usarlo”, la política se ha ido vaciando por dejarla en casa. Si Zapatero hubiese sido tan hábil como presidente como lo fue contra Bono, Aznar y Rajoy, sucesivamente, no sería ahora una sombra de lo que fue, para su partido y para la opinión pública. En la calle una masa, más grande que la que salió tras los banderines rojos a pedir más derechos para los que ya trabajan, se ha hecho fuerte para decir que está harta. Si dan la espalda a estos políticos vendrán otros peores. Pero queda la esperanza de que el miedo en el cuerpo les haga a dar un paso adelante. Claro que con un paso no basta. Hacen falta por lo menos cinco: primarias por ley, debates por ley, nueva ley electoral con igualdad plena según número de votos, limitación del gasto por ley y transparencia obligatoria desde la pedanía hasta la Casa Real. La separación de poderes no se me olvida, pero antes de tenerla no sé si deberíamos empezar a merecerla.

Manga corta
La manga corta no influye en el calentamiento global y los hijos y las suegras de los políticos no pueden hacer nada por mejorar la educación y la sanidad pública. Es imposible abordar las reformas necesarias para que la escuela pública y la sanidad pública funcionen bien si nos perdemos en debates accesorios sobre qué van a hacer los hijos de Tomás o los de Esperanza. Además, sus respectivas parejas deberán opinar algo respecto a este asunto ¿no?

Imputados
Lo decía el otro día un político y tiene toda la razón: lo que hay que hacer es que la justicia no se tire media vida para juzgar a una persona. No podemos exigir ropa limpia si el detergente no funciona. O si quien programa la lavadora, sea para meter los calzoncillos Bildu o la blusa Gürtel, se las ingenia para a nadie le guillotinen antes de ser coronado. Darse ese gusto no es una garantía procesal.

Sin respuestas
Muy mal tiene que estar la cosa para que, en vez de exigir respuestas, los periodistas estemos pidiendo al menos que nos dejen preguntar. En EEUU es la sociedad la que no perdona a los que no dan la cara. Pero aquí los plumillas, siempre adictos a la carne de perro, tenemos que educar a los que mandan.  Habrá que intentarlo.

No hay comentarios: