jueves, 19 de mayo de 2011

Strauss-Kaos

La jefa de prensa atravesó el salón del hotel Ritz y me miró sonriente: "El señor Strauss-Kahn le atenderá al acabar la conferencia, pero sólo durante unos diez minutos". Ha pasado una década pero recuerdo perfectamente la espera de dos horas en aquella cafetería del hotel, que tenía precios imposibles hasta para un té. DSK disertaba en el salón contiguo sobre el futuro del euro, una moneda que estaba de estreno en 2001, y mi entrevista para Diario 16 dependía de que el turno de preguntas no se extendiese demasiado. Él había dejado hace meses el ministerio de Economía francés acosado por acusaciones de corrupción. Un brete nimio comparado con el que lo atenaza ahora. 

Ese día también tenía prisa por coger un avión. "La entrevista tendrá que ser en el coche, Strauss-Kahn debe embarcar en poco más de una hora". A bordo de ese BMW lo acompañaban dos mujeres bellas y eficientes, una como copiloto y otra sentada atrás con nosotros. De la entrevista sólo recuerdo que Strauss-Kahn me devolvió con displicencia todos los cañonazos que le intenté lanzar sobre economía, corrigió mis preguntas, me ahorró las cifras concretas tal vez por verme aire de novillero y acabó, como buen economista, con un pronóstico que sonaba a predicción perfecta del pasado pero que contravendría todo lo que iba a ocurrir después: "En unos meses Europa y EEUU vivirán un momento económico mucho mejor que el que estamos viviendo ahora". Semanas después, afortunadamente con la entrevista ya publicada, dos aviones impactaban contra el World Trade Center: la economía frenó, se desató la guerra de nunca acabar, la burbuja punto com arrastró un balance negro, los precios subieron y los aviones no se han recuperado jamás.

Pero yo no sabía nada de lo que iba a pasar. Y él tampoco. Me dejaron en un semáforo y el tipo se fue con sus adoratrices y sus previsiones. Y este fin de semana, al conocer su arresto en Nueva York, he pensado en los límites del ser humano, que no puede predecir ni lo que el caos hará con la información que llevamos dentro, ni en qué momento lo oscuro que llevamos dentro hará combustión con ese  mismo caos, al que siempre debemos temer casi tanto como a nosotros mismos.

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