jueves, 12 de mayo de 2011

TERREMOTOS: Seguros pero desprotegidos

Alcalá y la región están, al igual que toda la zona que abarca las dos Castillas, en una zona de baja peligrosidad sísmica. Hay menos temblores de tierra y cuando suceden son tan leves que no todo el mundo lo nota. Hasta ahí las buenas noticias. Murcia, donde un temblor de tierra mató a nueve personas anteayer, tiene un ocho en la escala de riesgo –la calificación máxima– y Alcalá está por debajo del nivel seis, lo que constituye la calificación mínima.  Las malas son que esa sensación de seguridad de ha creado relajación que nos empuja a construir sin pensar que cualquier día la tierra puede moverse. Y hace que la población no sepa las normas básicas para evitar morir en un terremoto: no salir huyendo, por ejemplo. Para que se registren muertos en un seísmo no hace falta que éste tenga una intensidad capaz de hacer hundirse a las casas, como los de Japón. El de Lorca tenía menos entidad, pero los muertos  recibieron impactos de trozos de fachada o elementos añadidos. En Japón o en otros lugares con historial de terremotos hubiese habido menos desprendimientos y menos gente corriendo junto a los edificios. 

Zonas de riesgo 
"Los sistemas antiterremotos en España no están consolidados", se queja Manuel Fuertes, empresario alcalaíno autor de un innovador sistema automático de ensamblaje de forjados para vigas. Los expertos creen que los edificios podrían estar mejor equipados contra los terremotos en España, pero esto acarrearía un coste que repercutiría en el precio de las casas. "Habría que empezar por la cimentación", explica Gema López, profesora de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Alcalá, que relata que otros países "logran que el edificio resbale sobre el terreno", de modo que evite que el resto de la estructura reciba las sacudidas: "Es como si te empujan y llevas puesos unos patines", explica. Este campo de investigación es además, "muy inmaduro todavía". Resulta complicado delimitar qué zonas serían las de mayor riesgo en Alcalá. En contra de lo que se cree, muchas veces los edificios históricos aguantan mejor los terremotos, explica Gema López. "Son edificios más compactos", que basan su resistencia en lo ancho de sus muros y tienen una base más amplia "así que es más complicado de caigan, igual que es más difícil derribar a una persona si no tiene las piernas juntas". Pero ojo, aunque los edificios no se caigan, también pueden provocar muertes. Porque sus añadidos –campanarios, espadañas, balcones– pueden desprenderse. Aquí es clave para la seguridad que estos elementos estén los integrados en la fachada que se pueda. En los edificios históricos –iglesias, mezquitas, palacios, etc...– esto no es así, y aunque resisten muy bien la compresión, son más endebles ante la tracción, la desmembración de alguna de sus prolongaciones. Por eso se caen a trozos, aunque no se derrumben.  La energía liberada por el terremoto de Lorca equivale a más de 200 toneladas de TNT. Así que en caso de terremoto el casco histórico de Alcalá, pero también otras zonas de la ciudad, puede ser peligroso por los desprendimientos. Aunque en realidad antes se derrumbarían otros edificios de viviendas que las iglesias más tradicionales.

Cómo salir vivo 
Algunos de los muertos de Lorca cometieron el fatal error de salir huyendo al notar el temblor. Sus casas no se estaban derrumbando, pero les aplastaron trozos de fachada. Por eso, al notar un temblor fuerte, lo primero es quedarse dentro de casa, a ser posible en el dintel de una puerta o junto a un muro de carga. Si está en la calle, no intente entrar dentro de las casas, vaya a un espacio lo más abierto posible lejos de cables o farolas. Y si va en coche lo mejor es pararse y permanecer dentro de él. Es contraproducente correr y para la mayoría de los terremotos puede ser clave meterse bajo la mesa o tener las estanterías fijadas en la pared para evitar que se caigan. El resto está en manos de los arquitectos. 

No sería el primero 
No sabemos si en el futuro Alcalá tendrá que vérselas con un gran terremoto, pero sí que en el pasado los ha sufrido. Una huella queda, incluso, de estos devastadores temblores: la torre de la Catedral Magistral está ligeramente inclinada a consecuencia de un gran seísmo ocurrido el 2 de julio de 1689. Se dice que, desde algunas perspectivas, como la de la calle San Juan, es posible  apreciar esta leve torcedura, que afecta sobre todo a su parte superior; en concreto, la del chapitel. Más detalles existen del brutal temblor que sacudió la península ibérica el 1 de noviembre de 1755, el conocido como gran terremoto de Lisboa, que supuso un antes y un después en la historia de la sismología: en cinco minutos causó más de 60.000 muertos. Los expertos actuales creen que el sismo pudo haber alcanzado el 9 en la escala Ritcher. Prueba de la potencia colosal de este sismo es que se notó con toda claridad en Alcalá, a cerca de 700 kilómetros de distancia. El informe que unos días después redactó el corregidor de la ciudad incluía una crónica detallada del "pavor y susto" con la que los alcalaínos vivieron el suceso, que llegó con un "extraordinario ruido subterráneo". La gente huyó de las casas y del interior de las iglesias y los conventos, las torres de la Magistral y la desaparecida torre del reloj del Palacio Arzobispal "se bambolearon", una bola cayó sobre el tejado de las Bernardas y varias fuentes dejaron de manar agua. Las plazas y huertas se convirtieron en el refugio de muchos alcalaínos asustados. No se ha producido un terremoto tan fuerte desde entonces, pero sí se han seguido percibiendo temblores. 

Con información de Pedro P. Hinojos

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