miércoles, 15 de junio de 2011

Insultos contra todos

La protesta de los Indignados frente al Ayuntamiento mientras se constituía el pleno salido de las elecciones se materializó el sábado en una monumental pitada sin más descanso que los cánticos y los insultos a las personas que salían entraban del Ayuntamiento. Unos 200 Indignados alcalaínos se manifestaron durante toda la mañana coincidiendo con la investidura de los nuevos 27 concejales complutenses elegidos el pasado 22 de mayo, en la puerta del Ayuntamiento. El momento más tenso se produjo cuando el alcalde salió del Ayuntamiento tras ser elegido y fue perseguido por toda la plaza por cerca de 200 personas que lo increparon con insultos como "ladrón" o "chorizo" y lo acosaron tanto a él como a su mujer durante varios minutos. Sus escoltas y una hilera de policías, ayudados también por miembros de la organización de la protesta que trataban de crear un cordón de separación, tuvieron que emplearse a fondo para a la masa enfurecida en su sitio. 
Lideraban la manifestación un grupo de jóvenes y algún delegado enviado desde la acampada de Sol, pero a lo largo de la mañana se unieron alcalaínos de todo tipo: parados, parejas con niños y señoras mayores que se mezclaron con los acampados de la Capilla del Oidor. Situados en frente al Ayuntamiento pero sin llegar a cortar el tráfico, recibieron con pitidos y gritos de "fuera, fuera" a los ediles de cualquiera de los cinco partidos políticos que formarán parte del pleno. Como la mayoría no conocía a las personas que entraban, los pitidos e insultos recayeron en cualquiera que entrase en el Ayuntamiento: funcionarios, secretarias, el presidente de una casa regional, asesores o incluso personas que nunca habían entrado en la Casa Consistorial y que acudían elegantemente vestidas para acudir a la investidura como invitados. También los hijos del alcalde, que entraron con su madre por la puerta principal, recibieron con algo de pasmo en sus rostros una sonora pitada. 
Cuando no había políticos a la vista el ambiente era algo más festivo y el mensaje más constructivo. "Nuestro IBI donde está" gritaron, sin olvidar el ya característico "que no, que no, que no nos representan". Ayudados con silbatos, profirieron pitadas ensordecedoras, bailaron y cantaron durante horas y, tras recibir una consigna, agitaban las llaves y cantaron "¡Estas son las llaves / de casa de mis padres".
"No es cierto que seamos gente desocupada, mi chica tiene trabajo y ha venido conmigo", relataba Luis Ramos, uno de los líderes de la movilización. Luis está parado y durante toda la semana busca un empleo. Pidió a varios políticos mientras entraban que propusiesen al pleno que uno de algún manifestante pudiese dirigirse a los concejales durante la sesión constitutiva. Les entregó un  escrito exigiendo que su labor como gestores fuese "transparente, austera y no atender a intereses particulares". Finalmente le dijeron que no podría ser: "No cumplen sus promesas, como hacen siempre", se lamentaba después bajo un ruido ensordecedor.  Tras acabar la sesión en el Salón de Plenos la indignación creció en la calle. Los indignados gritaban también "no hay corriente para tanto enchufado" y rodearon el Ayuntamiento reclamando limosna a todos los que salían. Los descalificativos a los políticos en general se tornaron en insultos a voz en grito a la cara y en acoso y persecución. Hubo un momento de tensión cuando rodearon al concejal electo por España 2000, el partido que reclama menos derechos para los inmigrantes, y también crispación cuando algún concejal del PSOE o miembros del equipo del alcalde se encaró con los que les insultaban. 
La peor parte se la llevó Bartolomé González cuando salió a acompañar al consejero de la Comunidad de Madrid, Javier Fernández Lasquetty hasta su coche oficial. Tras algunos problemas para encontrar el coche, el alcalde siguió andando junto a su mujer por la plaza mientras la masa lo insultaba y los policías trataban de mantener la distancia. Finalmente volvió Ayuntamiento y salió mas tarde. 
 La organización de la protesta había establecido una comisión de respeto para evitar que los insultos fuesen más allá. Dispuestos en hilera e indentificados con pegatinas, se interponían entre los increpadores y los increpados. Entre los primeros cundió la indignación por el hecho de que el alcalde diese una vuelta en círculo por la plaza que estaban ocupando: "Es una chulería". Para los insultados fue un trago más amargo todavía.  "Con la actuación de hoy en Alcalá y en otros ayuntamientos han echado por tierra ese movimiento", dijo en twitter el alcalde, que denunció que tanto él como su hijo habían sido escupidos por los mismos que les llamaban fascistas. 

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