jueves, 21 de julio de 2011

Estos festejos no hacen falta

El Ayuntamiento ha presentado por fin su programación de Ferias, en la que muchos echarán en falta la presencia de grupos de renombre. La complicada situación presupuestaria del Ayuntamiento hace que las prioridades sean otras: antes de que acabe el año los proveedores esperan una agilización de los pagos, el servicio de limpieza es deficiente, quedan obras pendientes de hacer y no se sabe cuánto tiempo tendrá que mantener la tensión el municipio con una financiación bajo mínimos. Con estos ejemplos sobrela mesa lo que realmente hay que plantearse es si merece la pena hacer unas Ferias y Fiestas que nunca satisfacen a la mayoría y que, con sus amplios recortes y sus escasas renuncias, siguen siendo demasiado caras para un momento tan crítico como el actual. El mes pasado, al echar a andar la legislatura, el vicealcalde encargado de los recortes, Javier Bello, dijo que someterían todo gasto a un análisis sobre lo necesario que es y lo que aporta a la ciudad. ¿Qué se puede decir sobre unos festejos que están superados por el paso el tiempo y el la consolidación de cientos de planes de ocio accesibles en 40 kilómetros a la redonda?  
El Ayuntamiento ha hecho bien en meter tijera: no queda otra opción. Y así debería explicarse a cualquiera que lamente recortes puntuales que ya se han llevado a cabo otros años sin que la ciudad, cuya agenda de eventos va mucho más allá de las ferias, quedase huérfana de nada. Un ejemplo es el recorte en fuegos artificiales: el año pasado no los hubo y el Ayuntamiento debería haberse mantenido firme en su decisión para la edición de 2011. Toda ausencia será criticada por una parte, pero la escasez de recursos afecta a todos. 
También afecta a los que no irán a los conciertos, que pese a todo pagarán parte de su entrada. Precisamente porque serán gratuitos de cara a los asistentes, supondrán un coste para todos. Nada es gratis, y la función primordial del un ayuntamiento no es la de promotor musical. 
La iniciativa del alcalde de promover en las redes sociales el debate sobre el cartel de ferias es una idea genial. Debería suscitar una reflexión más profunda sobre qué modelo de festejos necesita la ciudad de cara al futuro y qué se puede hacer en la coyuntura actual de crisis. El difícil momento en que vivimos podría ser una oportunidad para que fuese la calle, junto con las peñas y los bares, la que celebrase las fiestas con el consiguiente control y apoyo por parte del Ayuntamiento. Es más urgente animar el centro y encontrar una aportación propia que entretener a la masa. La poda de gastos en fastos debería temer menos a las camarillas y confiar en la imaginación. Es hora de arriesgar.  

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