lunes, 25 de julio de 2011

La noche de los artistas vivientes

No sé si iré a las Ferias de este año: a lo mejor espero a que hagan la película. Será de artes marciales si las escenas se ruedan en el Recinto Ferial, o mejor dicho un western: la gente camina mirando a los lados y a partir de las cuatro de la mañana es mejor tener ensillado el caballo por si la cosa se pone fea. Será de terror si sólo nos quedamos con el cartel de conciertos. No porque asusten, pues eso va en gustos, pero sí porque repasando los nombres, parece que el concejal Isoldi tiene conjuros para resucitar a los muertos de los noventa: The Refrescos, Modestia Aparte, Arévalo... Qué pena que sus dotes de doctor Frankenstein no se hayan consagrado a traernos de vuelta a Kurt Kobain, eso sería caza mayor digna de una segunda parte de la novela de Mary Shelley. 
El alcalde y el concejal han vuelto a capear el temporal con sabiduría. Salieron los pitufos cabreados de debajo de las setas pidiendo que volviesen los fuegos artificiales: deseo concedido. Los grupos de postín, o eran muy caros o no se ponían al teléfono: me pregunto si esos dos subconjuntos llegaron a tocarse. Pero la mortadela que quedaba la han troceado en lonchas tan filas que me sale un artista de cada lustro. Y salvo a Pignoise o Ketama a todos les dio tiempo a tocar en el Un, dos, tres de Gómez Kemp o en el de Jordi Estadella. Cuidado en los conciertos gratis: un vocalista puede bajar y comerte el cerebro.