miércoles, 13 de julio de 2011

Matador de toros y personas

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Envueltos en el lodazal del paro y la desafección política, los tópicos españoles han salido deformados del callejón del Gato. La Pantoja, la tonadillera que antaño enseñó a España a sufrir, ha fichado por el vociferio de la tele: harta de servir de carnaza, habrá pensado que es momento de trinchar un poco el pavo en los basureros televisivos, donde no hace daño el top manta. Jesulín, el torero que en su época creó princesas de barrio pollazo-va-pollazo-viene, ha sido retratado a la salida de los juzgados con su actual esposa, que se ha cortado la coleta en el mundo del pillaje demasiado tarde: justo después de que la trincaran. Pero nos queda otro mejor para completar el triunvirato de la espantajería: Ortega Cano, el torero que harto de matar toros se carga a conductores con el coche. Tanto animalico muerto para que su faena más importante como matador concierna a otro pobre ser vivo de dos patas que tuvo la mala suerte de cruzarse con él.  
Les resumo la faena: estuvo suelto con la suerte del alcohol, algo más corto con la cena, y le dio varios naturales al volante por los que recibió la autoridad algún aviso del respetable. En el descabello, como iba borracho, se condujo demasiado deprisa y acabó chocándose y matando a un conductor, de nombre  Carlos Parra, no se sabe de cuantos kilos de peso y ajeno a cualquier ganadería. Resultado: 100 telediarios, dos orejas y el rabo entre las piernas. Y salida por la puerta grande del hospital: "Éste ha sido el toro más difícil de mi vida" dijo el torero ante la masa que lo aclamaba. Me imagino que se referiría a la difícil faena que tiene por delante con la recuperación, aunque la faena real se la ha hecho al pobre hombre que conducía en carril contrario. Todavía querrá que le pidamos que vuelva a los ruedos... y a las carreteras.
Nunca he sido fan de los toros, pero casi prefiero que los toreros se ceben con ellos. Está visto que, maten bichos o personas, el pueblo les seguirá igual. Se puede matar queriendo o sin querer. Pero que me maten y luego digan "va por ustedes" me parece demasiado. Lo que nos queda por ver...



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