miércoles, 20 de julio de 2011

Un abrazo para el televisor

Si la televisión muriese, perderíamos un objeto al que gritar. Nadie entendería que despotricásemos contra el reloj por el despiadado paso del tiempo. Ni que regañásemos al teléfono por la injusta factura. Pero la tele recibe improperios por faltas mal pitadas, políticos sinvergüenzas, noticias infames y demás desastres de nuestra vida pública. Esta semana he visto veinte veces el vídeo de un hombre normal –un argentino llamado Facundo– lanzando improperios sin fin contra el televisor ante la derrota y descenso de categoría de River: "Hijo-de-mil-putas-boludo:me-cago-en-la-madre-que-te-recontramil-parió" no es más que uno de los espumarajos que dirige este hombre contra el aparato sin que se le caiga la pantalla de vergüenza. Veo a ese hombre y aunque no soy capaz de decir ni uno sólo de los jugadores del River, creo que su airada protesta podría aplicarse a cualquier telediario, a muchos programas, a algunas películas y a demasiadas series. 
En un escalafón superior se encuentra el ordenador, porque a él le confiamos nuestros recados y nos hace cortes de manga en forma de bucles sin fin. Recuerdo esa estadística en la que muchos reconocían haber agredido verbal y físicamente a su ordenador: soy uno de ellos. Las hostias que le he dado a él, y a un aparato de aire acondicionado ronroneante que me amargó el estudio aquel nefasto mes de agosto de 1994, no se las he dado ni se las daré a nadie en mi vida. El PC tampoco es tan despiadado, pero recibe una furia mal calibrada, sedimentada a través de años sometidos a esa religión humana tan valiosa que se basa en no hacer a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. 
Los objetos tienen una vida incierta. Pero algunos de ellos son la vida misma: los sinsabores deportivos, los mensajes de amor, los reveses de la prisa, el extravío de algo que creíamos seguro... A fin de cuentas reciben tal cantidad de energía e interacción humana que el día menos pensado la tele o el ordenador se levantará de su sitio y vendrá hacia nosotros. No viviré lo suficiente para saber si será para darnos un mamporro o un abrazo, pero hago examen de conciencia y concluyo que prefiero no comprobarlo. Eso sí, Facundo ya es un hit del YouTube: lo ha visto casi más gente a él que al partido.


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