lunes, 5 de septiembre de 2011

El paro os hará liberales... y la fritanga os hará alcalaínos

Ya he dicho alguna vez que cuando el centroderecha se autodenomina liberal sólo me los imagino jincando en grupo. Lo de emular a Montesquieu, John Locke, David Ricardo o John Stuart Mill queda desmentido desde el mismo momento que juran el cargo y repiten, con mejor gusto, los desatinos de amiguismo, fulanismo y demás espantajería representativa. Pasa lo mismo con la sedicente izquierda, dispuesta a proteger a los débiles siempre y cuando sus dogmas no salgan zaheridos en el innoble arte de convertir las aspiraciones de libro en realidades callejeras. 

Alcalá se está desvencijando porque ya tiene más locales en alquiler que tesoros platerescos. En los ochenta la inmigración interior iba a pasear a los nuevos barrios de chalés porque les recordaba a su pueblo. Ahora los que llegaron del este de Europa ponen los pies en polvorosa abandonando una ciudad que se parece más a la que dejaron atrás que a la que deben volver. Nos ha nevado encima la glasnost, la transparencia, que ha dejado entrever las miserias del sistema. El paisanaje, que blasfemaba contra la fea peseta pero llegó a soñar con multiplicarla, se ha quedado patidifuso como en aquel chiste ruso de dos moscovitas que se encuentran por la calle tras desaparecer la URSS. 

–¡Mijail! ¿Has visto? Todo lo que nos dijeron del comunismo era mentira.
–Sí. ¿Y sabes qué es lo peor? Que lo que nos contaron del capitalismo resulta que es verdad.

España tiene un cuerpo de parados tan abultado que sólo hace falta un Francisco Pizarro que se ponga al frente para conquistar algún subcontinente. Es una legión que no está famélica porque vive empotrada en casa de los padres o conjurando los meses con trabajos de sobaquini, currando por la izquierda, como dicen los rusos. 
En Alcalá ha habido una desamortización ejecutada por la maldita mano invisible del mercado de la que hablaba  Adam Smith: había que ponerle unos cascabeles para la próxima vez. Resultado: no hay donde caerse muerto. Los baretos tienen la misma esperanza de vida que los niños extremeños del siglo XIX. Me deprimen los carteles de se vende o se alquila, pero a lo que tengo miedo es al día en que alguien empiece a escribir sobre los mismos: "Sabía que no funcionaría". Será un arranque de humor negro como el de aquel genial epitafio de una tumba que rezaba: "¡Os dije que estaba enfermo!"
El PP se alimenta de parados y a los paisanos les da asco lo que votaron en 2008, suena a derrumbe de un imperio y sólo hace falta un corifeo que se levante y clame que la situación se ha degradado tanto que "ya no somos capaces de sufrir nuestros males pero tampoco de soportar sus remedios". Sancho Panza, en nuestro velatorio, hubiese dicho: "Yo tenía razón". Pero ni él sabe ya labrar la tierra. 

Bartolo y Javier antes cuestionarán la monarquía que el modelo de Ferias. Les tienen cogidos por los cataplines entre un lobby que cabe entero en la Isla del Colegio. Si no viene a cantarnos por la pati un discípulo de Paco Martínez Soria y se cierra el grifo a despendole subvencionado y bañado en licores puede ocurrir que se despierte el regidor de turno con una cabeza de caballo, o de cartel, cortada y sangrante oculta entre las sábanas. No hay salida, porque incluso el que esté en retirada querrá que herede alguno de sus bellos concejales, y es normal. Si la cosa se deja estar los problemas de la Feria serán culpa de la Feria, pero si se cambian las cosas... la discordia y los dolores de muelas impostados recaerán sobre el alcalde. Igual que con la peatonalización. Dejemos pues que el abuelo fume ocho paquetes y que la tos se lo vaya comiendo por los pies: peor que perderle sería aguantar sus protestas.
Hay barra libre pues. Puedes ir sin entrada a un concierto o pagar por el sarao sin acudir al mismo: bueno sería reservar a la fritanga una casilla en la factura del IBI, igual que Rouco tiene la suya en la de la Renta.  El mini-Faluya del Ferial tiene sucursal etílica en la plaza de la Juventud, y entre todos tienen al demonio dando golpes en el techo porque en el Purgatorio están que trinan con esta competencia desleal. Aquí es una ruina hasta vender pan, pero te regalan pasteles. 


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