miércoles, 23 de noviembre de 2011

La más fea está deseando bailar

Ronald Reagan disfrutaba caricaturizando las premisas progresistas: "Si funciona, lo regulamos. Si sigue funcionando, le ponemos un impuesto. Si deja de funcionar, lo subvencionamos". La Historia tiene ciertos pliegues que hacen posible que la desregulación bancaria que aquel presidente incubó haya motivado la mayor crisis de crédito mundial, y que la recesión creada por semejante oleaje se haya llevado por delante también a progresistas en cuyas fábulas solo aparecía el lobo pero no se explicaba que el hada madrina se llamaba Crecimiento. Los derechos eran la calabaza. 

Creo que ya podemos dar por terminado el concurso de quién tiene el corazón más grande. Podemos todavía embelesarnos con las últimas estrofas del rap contra Botín, la súbita germanofobia harapienta que nos acomete, los cuentos de terror sobre la derecha, los rugidos de la caverna fachorra culpando a ZP de Lehman Brothers y hasta la santa compaña de Rouco y sus hechiceros, que salen ahora ofreciendo parabienes del más allá siempre y cuando se blinden sus oros en el más acá. Me recuerda a ese que se admiró de los palacios del Vaticano y dijo: "Si este es el voto de pobreza, estoy deseando ver el de castidad". No perdamos el tiempo. 

Le hemos pasado el balón a Rajoy para que recorte gasto, flexibilice el mercado de trabajo y haga más eficientes los servicios. No son hits que vayan a gustar a todo el mundo, pero fuera de la disco está cayendo un aguacero. Así que: a bailar.

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