viernes, 25 de marzo de 2011

“España sigue siendo un país algo medieval”

Es muy difícil y muy fácil hablar con Tomás Segovia: poeta, hijo del exilio y una autoridad en la traducción de Shakespeare. Hoy vive entre México y España "voy y vengo, porque allí tengo mis hijos". Pero da la sensación de que ha crecido en ninguna parte. "¿Qué es lo que yo consagro? Yo no pertenezco ni a un país ni a otro, ni a ningún grupo, generación, corriente literaria ni nada parecido. Esto no lo he buscado, simplemente creo que así fue mi destino, pues desde que he andado de un sitio a otro, cambiando de países, incluso de regiones dentro de los países", dijo al recibir un premio. Habla de los españoles como si no hubiese nacido en Valencia  en 1927. Y de los mexicanos como si no fuese la patria que le abrió las puertas de las enciclopedias.   Sabio pero sencillo, el pasado jueves dio una lección –o tal vez sólo reflexión– sobre la traducción de Shakespeare en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAH. Acaba la charla y, acuciado por las señoras de la limpieza, que necesitan espantar los espectros de Hamlet que ha dejado dispersos por la sala, contesta unas preguntas para Diario de Alcalá como si la respuesta la hubiese escrito al levantarse.


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Para percal, el de Portugal

Recorte usted, pero no nos quite nada. Saque el dinero de donde quiera, pero no nos pida más. Suprima lo que haga falta, pero al mismo tiempo que no nos falte de nada. Con ese pensamiento blando ha acabado por los suelos el Gobierno portugués: ni la izquierda ni la derecha quiso apoyar su plan de recortes. Y así el rendimiento de los bonos portugueses a diez años se sitúa por encima del 8% por primera vez desde la introducción del euro después de que las agencias Standard & Poor's y Fitch rebajaran la nota de la deuda lusa. De esos mimbres, piensa el dinero, no saldrá de momento ningún cesto.

España, Madrid o Alcalá podrían encontrarse en una situación similar. Rajoy encuentra en la siesta el refugio contra las incomodidades: apretar hay que apretar, pero el que se tiene que achicharrar concretando es el que duerme en Moncloa. Madrid tampoco ha alcanzado consenso en cuanto a los recortes. Ni dentro del PP lo hay: Gallardón se muda, sube impuestos, tiene más deuda que nadie. Y los cañoneros de Génova claman por la austeridad. Pero el paralelismo se ve sobre todo en España. Portugal está sumida en una crisis política tras el rechazo parlamentario al plan de ajustes del Gobierno de José Sócrates, que presentó su dimisión tras fracasar su iniciativa. España tiene un gobierno cogido con alfileres. Pero la legislatura se agota, se echará un año a perder. ¿No sería mejor acabar ya con la agonía?

La la deuda española resiste por el momento las tensiones derivadas de la crisis en Portugal y la prima de riesgo se mantenía en 193 puntos básicos, aunque el rendimiento de los bonos a diez años subía al 5,203%. España no es Grecia. En el caso de los bonos griegos, la prima de riesgo alcanzaba los 947 puntos básicos y un rendimiento del 12,655%. Pero tampoco lo era Irlanda: el diferencial se amplió a 691 puntos básicos y la rentabilidad se situaba en el 10,181%. Recemos.

Una ciudad inteligente.
No todo son malas noticias en la tierra de los lusos. Hay una de la que podemos tomar nota. Allí harán una ciudad inteligente o smart city. Estará en la localidad de Paredes, cerca de Oporto. Microsoft ha dado el paso y ha desarrollado un poyecto que tardaría cuatro años en completarse y ocuparía unas 1.670 hectáreas para 225.000 personas, un poco más que Alcalá. ¿Como se hace inteligente a una ciudad? Pues dotando, por ejemplo, a todos los edificios de la ciudad con dispositivos y sensores que controlen cualquier tipo de parámetro para que en caso de fuego o incidente se pueda actuar con mayor rapidez. Pena que en California no se lo hayan aplicado. Paradojas.

Vade (muy) retro

Me desperté en mi cama pensando si era realidad o ficción que unas muchachas en flor habían irrumpido enseñando su lozanía pectoral en una capilla universitaria aprovechando que el cura, que está en flor toda su vida, se encontraba ausente en ese momento. La verdad es que no estaba el cura, no estaban los fieles y no sabemos si estaba Dios, porque el sitio se encontraba vacío de seres contingentes y el necesario, qué putada, no sabemos si existe. La escena de las mozas profanadoras parece sacada de un sueño de ateo salido, con lo cual mi primera reacción fue sentirme fatal. Entro en una edad en la que ya uno no apunta maneras, sino síntomas.

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martes, 22 de marzo de 2011

Del O’Donnell alcalaíno a la presidenta McAleese

La presidenta de Irlanda, Mary Mc Aleese, recibió  ayer en el Paraninfo la Medalla de Oro de la Universidad de Alcalá  en un acto al que también acudió el alcalde y, además de las autoridades, una nutrida representación de irlandeses que estudian en Alcalá.
Con la concesión de su medalla, la UAH reconoce los tradicionales vínculos de amistad y cooperación entre Irlanda y la UAH; los méritos académicos y profesionales de  McAleese,  muy activa en su faceta política en pro de los derechos humanos y la paz.
Durante sus discurso, la presidenta de Irlanda aseguró que "mi visita y este evento forma parte de un proceso por el que dos viejos amigos, España e Irlanda, se reencuentran y recuerdan la riqueza de su legado histórico.  La enseñanza ha sido, y sigue siendo, uno de los pilares centrales de nuestra relación. Generaciones de estudiantes irlandeses en el pasado se han beneficiado de la inspiración que ofrece esta y tantas otras universidades españolas".
Antes, en un discurso con partes en inglés y otras en español, el rector de la Universidad de Alcalá, Fernando Galván, destacó  la "trayectoria académica y profesional como universitaria y jurista" de la presidenta McAleese, así como "su compromiso con la paz y la defensa de los derechos humanos". Galván subrayó asimismo los vínculos que unen a la UAH con Irlanda: desde la llegada de los primeros estudiantes irlandeses en el siglo XVI y la creación del colegio irlandés de Alcalá en 1649 –destinado hoy a los estudiantes extranjeros que aprenden español en Alcalá– a los numerosos convenios de colaboración con universidades irlandesas. Galván anunció que, gracias al apoyo de la Embajada y del Gobierno irlandés, se implantará en la UAH otro título propio: en este caso uno relacionado con la cultura y la lengua irlandesas..
La visita de la presidenta McAleese es el último hito del secular vínculo entre Alcalá e Irlanda. El penúltimo lo protagonizó hace tres años el prestigioso actor y director escénico dublinés Denis Rafter, doctorado por la Cisneriana.  ¿Qué más pueden tener en común esta ciudad del corazón de la meseta ibérica con la isla verde? Exactamente lo mismo que ha unido históricamente a los irlandeses y a los españoles en costumbres y credo religioso. El catolicismo y la enemistad ancestral con los ingleses han sido, en concreto, motivos de simpatía entre Irlanda y España de toda la vida. Y en virtud de esa tradición Alcalá abrió en el siglo XVII su universidad a los hermanos irlandeses.
Irlanda era, en aquel tiempo, un territorio bajo dominio de los ingleses, cuya religión era protestante merced al cisma anglicano. El culto católico en Irlanda estaba, por tanto, perseguido y otros países del Continente se ofrecieron a sembrar la fe y los saberes entre la juventud de la isla, como obra piadosa. Así, en 1630 se fundó en Alcalá el Colegio Menor de San Patricio, por obra del irlandés John O'Neill, al que acudieron una veintena de jóvenes irlandeses, pero también de los países bajos, tierras donde el protestantismo avanzaba imparable.
No obstante, tendrían que pasar algunos años para que el colegio reuniera unas condiciones aceptables. Fue gracias a la intercesión de un noble portugués, el barón Jorge de Paz Silveira, cuando el Colegio de San Patricio se edificó con sus hechuras actuales en la calle Escritorios, siendo refundado por la baronesa Beatriz de Silveira en 1645. Los barones portugueses (Portugal formaba parte  de la Corona española en aquella) dejaron además rentas suficientes para que el colegio no dejara de funcionar. Y así fue durante casi 150 años, con el paso por la ciudad de decenas de estudiantes irlandeses, que luego regresaron a su país como sacerdotes. En la recta final de siglo XVIII las estrecheces económicas terminaron asfixiando el Colegio, conocido ya como 'de los Irlandeses'.
Concluyó así la presencia de la estudiantina irlandesa y comenzó la decadencia del edificio, que sufrió un progresivo deterioro hasta que fue rescatado por el Ayuntamiento en los años 80 de pasado siglo. Para entonces ya había nuevos estudiantes irlandeses en la Universidad, los Erasmus del siglo XX. Y en los 90 se encontraron con una plaza dedicado a ellos, la de los Irlandeses, que ocupa en buena parte la huerta y el patio perdidos del colegio, del que hoy solo se conserva la crujía de la fachada y es utilizado como centro académico de intercambio estudiantil tras ser cedido por el Ayuntamiento a la Universidad.
También en esa década, en 1997, y muy cerca de la plaza, en el Corral de la Sinagoga, abrió sus puertas un pub típico irlandés, el Whelan's,  al que siguieron otros en años siguientes. Eso sí, mucho antes, en el siglo XIX, Alcalá sumó de rebote otro trébol: su primer gran parque público,

lunes, 21 de marzo de 2011

Hablar y correr

21 kilómetros no son 21 kilómetros. Son Plaza de Cervantes, Vía Complutense, calle Ávila, Paseo del Val, Manuel Azaña, Luis Vives, Avenida del Ejército, calle Mayor y... otra vez Plaza de Cervantes, Vía Complutense, calle Ávila, Paseo del Val, Manuel Azaña, Luis Vives, Avenida del Ejército, calle Mayor... y después un kilómetro de propina hasta Santos Niños.
Me escondí en un pelotón de bajo perfil, junto a dos militares que iban contando batallitas de la Bripac. Su ritmo era un poco alto para mi, pero aguanté porque las historias eran buenas. Algunos conductores osaron regañarnos con el claxon. Estaban hartos de esperar que pasase esa serpiente multicolor compuesta de flacos y flacas –pocas, muy pocas en esta convocatoria– que les estropeaba la mañana.
–¡Baja de coche si tienes huevos o le mandas una carta a Isoldi [edil de Deportes]!
Así bramaba uno desde dentro de la carrera. Recompuesto nuestro orgullo trotador, nos fuimos metiendo en kilómetros. Es como empezar a pagar las letras de un piso: al principio no gastas porque quieres ahorrar. Luego, no gastas porque no tienes nada que gastar.
Cuando di una vuelta entera a la ciudad empezó el temido dolor: el pie izquierdo. Pero uno se acostumbra a ello como a los programas malos de la tele. No cambia uno por no levantarse. Y yo no paraba porque no me daba la gana.
Por el barrio de Reyes Católicos era donde tenían más salero para animar. Hasta un hombre se acercó a ofrecernos churros. En los grupitos, la conversación se animaba. Había hasta peleas conyugales por lo bajini, novios que les pedían a sus chicas que subiesen el ritmo y gente que ofrecía su agua a los demás. Un microcosmos rebosante de ácido láctico e inocencia. Un espectador abroncó a un corredor.
–¡Pero no habléis!
–Si hablar podemos. Lo que no podemos ya es correr.
Pero era falsa modestia. A partir del kilómetro 15 muchos atacaron y otros nos quedamos a piñón fijo: mejor ser conservador la primera vez. El sol hizo desplomarse a varios cuando quedaban menos de 5.000 metros. Yo me encastillé en las 178 pulsaciones por minuto, haciendo cada 5.000 metros en 27 minutos. Una fórmula mágica para llegar tarde, sin la cara colorada y añorando el ajedrez. ¡Eso es un deporte!