viernes, 22 de julio de 2011

Un regate legal para los rumanos

Parece irónico que un país que tanto ha recibido de la Unión Europea defienda que el continente marche a dos velocidades, pero eso es lo que se puede concluir del anuncio del Gobierno, que ha decidido reactivar la exigencia de permiso de trabajo a los rumanos. Aunque entraron en la Union Europea en 2007, estos ciudadanos de la UE deberán disponer de este permiso para ser contratados por cuenta ajena en nuestro país. La decisión del Ejecutivo parece pretender vincular el flujo de entrada de trabajadores a las necesidades del mercado laboral y evitar que prolifere la economía sumergida, aunque dada la preferencia de los rumanos por España es muy probable que precisamente encuentren hueco en los trabajos ilegales. Poco tranquliza que el Gobierno haya confirmado que la exigencia no tendrá efecto sobre los trabajadores de esa nacionalidad que ya forman parte del mercado laboral español, porque no queda claro que ocurrirá con los que hayan perdido su trabajo o puedan perderlo más adelante. ¿Pasarán a ser ilegales? 
Se trata de una medida injusta que penaliza a los rumanos por ser muchos –más de 10.000 en Alcalá– en lugar de buscar otras vías para agilizar el mercado laboral. Supone una deslealtad hacia un país con el que nos unen estrechos lazos comerciales y además una medida poco ortodoxa con los procedimientos de la UE, por mucho que el Gobierno asegure que no contraviene el tratado de libre circulación de personas. La propia Comisión Europea ha advertido ya de que España no puede introducir nuevas restricciones para la entrada de trabajadores de esta nacionalidad. Si les va a dejar entrar pero no les va a permitir trabajar legalmente ni por lo tanto cotizar, podemos concluir que el Gobierno prefiere quitarse un problema migratorio aunque engorde otros como la desigualdad y el trabajo que no suma recursos. Claro que si no son legales no podrán contar como parados en las estadísticas que tanto les preocupan, aunque la realidad seguirá existiendo. 
Es cierto que, como se ha comprobado en Alcalá, el mercado de trabajo no tiene ya nada que ver con el de 2007. La actitud del Gobierno había sido positiva al regular la situación de los trabajadores que la economía necesitaba, aunque aplicó hasta 2009 una injusta moratoria de dos años que ahora quiere desenterrar de una manera un tanto aparatosa. Para evitar más presión en el mercado laboral –el 30% de los rumanos que residen en nuestro país están en situación de desempleo– complicará la agrupación familiar, la situación de los que trabajan de manera discontinua y creará inmigrantes de primera y de segunda con este regate legal que no es de recibo. 

jueves, 21 de julio de 2011

Estos festejos no hacen falta

El Ayuntamiento ha presentado por fin su programación de Ferias, en la que muchos echarán en falta la presencia de grupos de renombre. La complicada situación presupuestaria del Ayuntamiento hace que las prioridades sean otras: antes de que acabe el año los proveedores esperan una agilización de los pagos, el servicio de limpieza es deficiente, quedan obras pendientes de hacer y no se sabe cuánto tiempo tendrá que mantener la tensión el municipio con una financiación bajo mínimos. Con estos ejemplos sobrela mesa lo que realmente hay que plantearse es si merece la pena hacer unas Ferias y Fiestas que nunca satisfacen a la mayoría y que, con sus amplios recortes y sus escasas renuncias, siguen siendo demasiado caras para un momento tan crítico como el actual. El mes pasado, al echar a andar la legislatura, el vicealcalde encargado de los recortes, Javier Bello, dijo que someterían todo gasto a un análisis sobre lo necesario que es y lo que aporta a la ciudad. ¿Qué se puede decir sobre unos festejos que están superados por el paso el tiempo y el la consolidación de cientos de planes de ocio accesibles en 40 kilómetros a la redonda?  
El Ayuntamiento ha hecho bien en meter tijera: no queda otra opción. Y así debería explicarse a cualquiera que lamente recortes puntuales que ya se han llevado a cabo otros años sin que la ciudad, cuya agenda de eventos va mucho más allá de las ferias, quedase huérfana de nada. Un ejemplo es el recorte en fuegos artificiales: el año pasado no los hubo y el Ayuntamiento debería haberse mantenido firme en su decisión para la edición de 2011. Toda ausencia será criticada por una parte, pero la escasez de recursos afecta a todos. 
También afecta a los que no irán a los conciertos, que pese a todo pagarán parte de su entrada. Precisamente porque serán gratuitos de cara a los asistentes, supondrán un coste para todos. Nada es gratis, y la función primordial del un ayuntamiento no es la de promotor musical. 
La iniciativa del alcalde de promover en las redes sociales el debate sobre el cartel de ferias es una idea genial. Debería suscitar una reflexión más profunda sobre qué modelo de festejos necesita la ciudad de cara al futuro y qué se puede hacer en la coyuntura actual de crisis. El difícil momento en que vivimos podría ser una oportunidad para que fuese la calle, junto con las peñas y los bares, la que celebrase las fiestas con el consiguiente control y apoyo por parte del Ayuntamiento. Es más urgente animar el centro y encontrar una aportación propia que entretener a la masa. La poda de gastos en fastos debería temer menos a las camarillas y confiar en la imaginación. Es hora de arriesgar.  

miércoles, 20 de julio de 2011

Un abrazo para el televisor

Si la televisión muriese, perderíamos un objeto al que gritar. Nadie entendería que despotricásemos contra el reloj por el despiadado paso del tiempo. Ni que regañásemos al teléfono por la injusta factura. Pero la tele recibe improperios por faltas mal pitadas, políticos sinvergüenzas, noticias infames y demás desastres de nuestra vida pública. Esta semana he visto veinte veces el vídeo de un hombre normal –un argentino llamado Facundo– lanzando improperios sin fin contra el televisor ante la derrota y descenso de categoría de River: "Hijo-de-mil-putas-boludo:me-cago-en-la-madre-que-te-recontramil-parió" no es más que uno de los espumarajos que dirige este hombre contra el aparato sin que se le caiga la pantalla de vergüenza. Veo a ese hombre y aunque no soy capaz de decir ni uno sólo de los jugadores del River, creo que su airada protesta podría aplicarse a cualquier telediario, a muchos programas, a algunas películas y a demasiadas series. 
En un escalafón superior se encuentra el ordenador, porque a él le confiamos nuestros recados y nos hace cortes de manga en forma de bucles sin fin. Recuerdo esa estadística en la que muchos reconocían haber agredido verbal y físicamente a su ordenador: soy uno de ellos. Las hostias que le he dado a él, y a un aparato de aire acondicionado ronroneante que me amargó el estudio aquel nefasto mes de agosto de 1994, no se las he dado ni se las daré a nadie en mi vida. El PC tampoco es tan despiadado, pero recibe una furia mal calibrada, sedimentada a través de años sometidos a esa religión humana tan valiosa que se basa en no hacer a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. 
Los objetos tienen una vida incierta. Pero algunos de ellos son la vida misma: los sinsabores deportivos, los mensajes de amor, los reveses de la prisa, el extravío de algo que creíamos seguro... A fin de cuentas reciben tal cantidad de energía e interacción humana que el día menos pensado la tele o el ordenador se levantará de su sitio y vendrá hacia nosotros. No viviré lo suficiente para saber si será para darnos un mamporro o un abrazo, pero hago examen de conciencia y concluyo que prefiero no comprobarlo. Eso sí, Facundo ya es un hit del YouTube: lo ha visto casi más gente a él que al partido.


Una princesa sin ‘cara B’


xavier colás n alcalá
Ha ocurrido muchas veces: se bajan los Príncipes del coche y al otro lado de las vallas la gente grita “¡Letizia!”. Es una marca reconocida mundialmente, cada gesto suyo se vende a buen precio en el mercado de imágenes internacional y cualquier vestido puede ser noticia.  
En el Parador de la la calle Colegios de Alcalá se vio ayer cómo  los funcionarios de Casa Real tratan de darle a la proyección de la
Princesa su dimensión y orientación justa: ni más ni menos. “El control sobre lo que hacemos es mucho mayor que hace diez años”, cuenta un periodista que va camino de las dos décadas cubriendo informaciones de Casa Real. Ayer los fotógrafos no se podían mover de su sitio, y aún así la seguridad de Zarzuela insistió que que sólo retratasen a los príncipes cuando ya los tuviesen frente a ellos: nada de captar instantáneas de ellos hablando al otro lado del cristal o fotos de espaldas. “Con ella frecuencia sale o entra detrás del Príncipe”, así que  es más difícil hacerle una foto más allá de la oficial, se lamenta otro fotógrafo de prensa rosa. “Yo he tenido problemas con la gente que la acompaña por hacerle una foto de espaldas”, se queja otro habitual de los eventos de los Príncipes, pues todavía colea la polémica por aquella foto con Carla Bruni en la que ambas presumían de nalgas.
El Rey, que siempre ha tenido un trato muy próximo con todo el mundo, cada vez se muerde menos la lengua. Hace unos meses se quejó ante los periodistas que especulaban sobre su salud: “Quereis matarme y plantarme un pino en la tripa”, dijo antes las cámaras. Al parecer, hay más regañinas: “El año pasado se tropezó con una alfombra y casi se cae”, recuerda un reportero gráfico, “los fotógrafos disparamos en ese momento y el se volvió hacia nosotros”. “Hombre por favor... sois unos macarras” dicen que dijo el monarca.
Los eventos de Casa Real atraen cada vez a más periodistas, coinciden los profesionales. Y si se trata del Rey, interesa su salud más que el acto muchas veces. Y si son los Príncipes, “lo que más vende es Letizia”. Ayer los escoltas chistaron hasta a los redactores que se atrevieron fotografiar a la pareja con su teléfono móvil. Incluso en Alcalá, no hay más Príncipes que los oficiales. O al menos eso es lo que se intenta vender ante unas cámaras que son, pese a los disgustos, adictas a Letizia.