miércoles, 23 de noviembre de 2011

La más fea está deseando bailar

Ronald Reagan disfrutaba caricaturizando las premisas progresistas: "Si funciona, lo regulamos. Si sigue funcionando, le ponemos un impuesto. Si deja de funcionar, lo subvencionamos". La Historia tiene ciertos pliegues que hacen posible que la desregulación bancaria que aquel presidente incubó haya motivado la mayor crisis de crédito mundial, y que la recesión creada por semejante oleaje se haya llevado por delante también a progresistas en cuyas fábulas solo aparecía el lobo pero no se explicaba que el hada madrina se llamaba Crecimiento. Los derechos eran la calabaza. 

Creo que ya podemos dar por terminado el concurso de quién tiene el corazón más grande. Podemos todavía embelesarnos con las últimas estrofas del rap contra Botín, la súbita germanofobia harapienta que nos acomete, los cuentos de terror sobre la derecha, los rugidos de la caverna fachorra culpando a ZP de Lehman Brothers y hasta la santa compaña de Rouco y sus hechiceros, que salen ahora ofreciendo parabienes del más allá siempre y cuando se blinden sus oros en el más acá. Me recuerda a ese que se admiró de los palacios del Vaticano y dijo: "Si este es el voto de pobreza, estoy deseando ver el de castidad". No perdamos el tiempo. 

Le hemos pasado el balón a Rajoy para que recorte gasto, flexibilice el mercado de trabajo y haga más eficientes los servicios. No son hits que vayan a gustar a todo el mundo, pero fuera de la disco está cayendo un aguacero. Así que: a bailar.

Para ser hay que estar

Había en la Transición un periódico en el que te abroncaban si intentabas coger un teléfono después de las ocho de la tarde: "¡Cuidado hombre, que puede ser una noticia!" En 1999 visité una república ex soviética por primera vez y noté como los camareros recibían con fastidio la entrada de cada cliente en su solitario local. Son cosas que uno entiende pero que no se pueden explicar racionalmente, igual que cuando metemos las sobras en un tupper para tirarlas sin remordimientos días después. Para ser hay que estar y uno está como puede. 

Ahora, con la gente sin curro y lo público sin un chavo, nos ponen sobre la mesa la libertad de horario: abra usted el sábado o el domingo que para eso es su tienda, viene a decir el espíritu de la ley. No ha faltado crujir de dientes similar al de la ley antitabaco, porque lo que mola es el fumeque nasal y que las tiendas abran justo para que la señora Herminia, la yaya de los Alcántara en Cuéntame, pueda hacer sus compritas. Los fines de semana son para ira a misa o coger la tarterita y enfilar para el merendero, o eso es lo que nos creemos en este estrato del infierno. Y a la hora de comer, aunque la siesta ya no existe, esto también está a cal y cantocomo Soria en 1944. Así nos luce el pelo. 
Si algo ha cambiado en este país es que el comprar ha salido del atestado ámbito de los quehaceres y ha ocupado un sitio en el estrecho margen del ocio que nos queda. Por eso el librero se aburre los lunes y yo estorbo en casa los domingos. ¡País!


lunes, 21 de noviembre de 2011

Piedra, papel o Rajoy

Los comicios de ayer aportan algunas lecciones: 1. Resulta más fácil
entrar con un nuevo partido en el Congreso que regenerar a los grandes
desde dentro. Rajoy se escondió en los cuartos de baño del Titanic en
2008 y ahora le vemos llegando a Ítaca escupiendo los peces de colores
engullidos durante ocho años de ostracismo institucional. Rubalcaba y
sus élites parecen querer repetir jugada y esperar en el fondo del
mar. 2. Los recortes no desgastan, desgasta el ser poco creíble. Los
feudos de Aguirre y Cospedal resisten pese a la tortura china
infligida a los interinos y a los farmacéuticos. El electorado no
tiene la lógica clientelista de compromisarios políticos. 3. Los
pequeños están para quedarse: si saben abstraerse del bagaje de sus
fundadores se convertirán en bisagras. Si no, morirán cuando renazca
el PSOE. 3. IU revive, pero ya no tiene el monopolio del voto crítico
ni es el telonero del ecologismo. Si sigue sin más contenido que el
PCE, volverá a caer. 4. España no se ha hecho del PP, que le saca sólo
un punto al PSOE de 2008. Su exigencia de consenso sigue vigente
aunque gobiernen ya todas las teles.