miércoles, 1 de febrero de 2012

El no-saludo

Le han negado el saludo a Letizia Ortiz, no se sabe bien si por lo de
su cuñado, por divorciada o porque un mal día lo tiene cualquiera. El
caso es que el encargado de Negocios de la República Democrática del
Congo, Oscar Matondo, se hizo el orejas y la dejó colgada de la
brocha, con la mano extendida en una recepción. Después el hombre se
ha disculpado, porque está mal eso de pasar de la monarquía en su
cara.
En la calle hay un montón de gente que pasa de uno, y eso casi nos
hace importantes. En Alcalá es casi una muestra de relevancia social
el número de gente que mira para otro lado o que incluso se cambia de
acera para rehuir tu presencia. Como si portases la guadaña o alguna
enfermedad tropical. Si eres rumano o albaceteño, entonces nada. Pero,
ay, si eres de los de aquí de toda la vida. Podrás presumir de
emboscadas, condueñidades y demás afrentas: homenajes abortados,
libros en los que a uno no le citan, adhesiones peatonalizadoras  y
demás ira y fuego complutense. Es un mundo cruel, sí, en el que
hombres recios pugnan con dimes y diretes endiablados, chismes de
polvorín y traiciones en la penumbra de las imprentas mientras los
contrarios hacen girar la cucharilla en alguno de los cafetines que
quedan vivos.
Hay borregos que queman más calorías esquivándome que si me hicieran
una reverencia. Le dan a uno ganas de enarbolar la vara y decir:
"¡Arranca de aquí!"

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