miércoles, 15 de febrero de 2012

Yo soy de Donovan

Salgo a la calle, compro el periódico, y me lo vende un guerrista de toda la vida. En la carnicería son muy de Hernández Mancha, aunque nunca ha ido por allí. Las muchachas salen del colegio y forran sus carpetas con fotos de Tomás Gómez. Bajo los árboles, los viejos del lugar charlarán durante el verano sobre le legado intelectual del pensamiento chaconista. El esperancismo, que no ha llegado a la cúspide de las magistraturas del Estado, hace correr ríos de pensamiento, teoría y praxis. Y el acostismo, y los renovadores por la base... "¡Qué nadie hable mal de los renovadores por la base en esta santa casa!", claman algunas amas de casa al que se asoma a preguntar.  
No me extraña, por tanto, que todas esas pasiones humanas que iluminan el pensamiento occidental se confronten en esos pedazo de congresos que organizan nuestros políticos. Son las voces del pueblo que saltan de la plaza del mercado a las alfombras del poder después de haberse devorado entre sí. 
Pero lo cierto es que en las alforjas no llevan otras razones que el fulanismo y el menganismo, quién va con los unos y quién va con los otros. Lo que les distingue son sus aliados, que a su vez les eligen en función de sus enemigos. Las cúpulas de PP, PSOE e IU se reciclan con unas trazas que recuerdan más a las sucesiones en ETA o a la resistencia que guerreaba contra los marcianos en la serie V, con Donovan a la cabeza. ¡Donovanismo ya! 

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